Proyecto de Constitución antidemocrático

De un tiempo a esta fecha dentro en Cuba ha surgido un acontecimiento que ha creado disímiles criterios: es el Proyecto de Constitución, que el régimen pretende convertirlo en su nueva Carta Magna con el fin de apuntalarse en el poder, luego de la designación del sustituto del dictador Raúl Castro.

Hasta donde se ha publicado, nada nuevo se plantea que tienda al beneficio popular, como es el rol fundamental de una Constitución. Por supuesto, que no importa quien ocupe la “dirección” del país, si en definitiva es el Partido Comunista el que lleva las riendas del Estado, como prescribe el texto constitucional vigente.

Se recordará que sepultada definitivamente la Constitución de 1940, tal como fue modificada por la Ley Fundamental de 7 de febrero de 1959, esta a su vez fue derogada y comenzó a regir la Constitución socialista de 1976, la cual fue modificada en el 2002, manteniendo el carácter socialista y el sistema político y social en ella sean declarados irrevocables. (Gaceta Oficial, Edición del Minus, 2004).

El castrismo está acostumbrado a jugar con la sensibilidad del cubano de a pie, en medio de una genuina crisis del Derecho, pues el quebrantamiento legal de importantes derechos individuales, como la propiedad o la contratación; o los derechos contractuales de libre empresa, precios y trabajo en lo económico y social revela, a todas luces ante los ojos del pueblo, que el Derecho es solo un instrumento de políticas del poder y no la interpretación que conduzca a principios justos.

El Proyecto de Constitución de marras refleja, indefectiblemente, las alucinaciones que en su momento guiaron a los comunistas soviéticos en 1936, para establecer su normativa constitucional y de ahí que la Constitución cubana de 1976 antes aludida, tuvo de modelo aquélla. Por tanto, la línea divisoria del constitucionalismo reside en dos vertientes: una, la democrática y la otra, la del totalitarismo. En la primera, a su vez, reina el Estado de Derecho, en el cual “los derechos puedan también percibirse como la libertad o como reclamos. Un derecho como libertad es simplemente la libertad de hacer algo sin que alguien imponga obligaciones…” (José Azel, el Nuevo Herald, ¿Qué son derechos?, 9 de septiembre de 2017).

El Proyecto de Constitución bajo examen es por su naturaleza antidemocrático porque no reconoce y protege, como debiera hacerlo, elementales derechos humanos, entre ellos, no solamente los enumerados más arriba, sino también los de reunión, asociación y otros, que ejercerlos sin el visto bueno del régimen, conducen a represalias, como les ocurre a los opositores y a las Damas de Blanco.

Asimismo es antidemocrático ese pretendido Proyecto, porque se hace al margen de la tradición constitucionalista cubana, cuya culminación fue la Constitución de 1940, como singular momento en nuestra historia patria en que delegados elegidos libremente por el pueblo fueron capaces de discutir y conciliar opiniones muy diversas para lograr que fuera conocida en este continente como la más avanzada del mismo. Nada pudiera impedir que el castrismo implante otra Constitución del mismo tenor de la que deroga, pero tampoco puede impedir que el pueblo cubano proteste, encuentre vías para oponerse a ese nefasto sistema y que tiene la esperanza que al final del túnel aparezca la luz que irradie nuevos horizontes.

No pudiéramos omitir que en el Preámbulo de ese Proyecto aun se repite que “guiados por el ideario de José Martí y las ideas político sociales de Marx, Engels y Lenin”, constituye un sarcasmo, ya que el Apóstol quería una República “con todos y para el bien de todos”.

Abogado cubano. Reside en Miami.

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