“El régimen no ha creado un líder que pueda suceder a Raúl Castro”

Antonio Rodiles y Ailer González, dos de las voces reconocidas de la disidencia en Cuba, exponen sus visiones sobre el presente y futuro de Cuba luego de que Washington anunciara las nuevas medidas que regirán las relaciones con La Habana

Entre las voces de la oposición cubana en la isla resaltan Antonio Rodiles y Ailer González, miembros de la directiva del Foro por los Derechos y Libertades e impulsores del proyecto Estado de Sats, que visitan Miami estos días.

Acerca de la visión que tienen sobre el presente y el futuro de Cuba, DIARIO LAS AMÉRICAS conversó con Rodiles y González, teniendo en cuenta las nuevas medidas del Gobierno estadounidense hacia el régimen cubano, que fueron planteadas por el presidente Donald Trump el pasado viernes.

-Comentan que el régimen de Castro podría retomar la retórica antiimperialista y parapetarse en su trinchera absolutista para reforzar la dictadura ¿Creen que ese discurso vuelva a funcionar?

Antonio Rodiles: No va a funcionar igual. Y hay que ver si el régimen se va a atrever a hacerlo. Ellos no tienen un colchón detrás. En Venezuela puede pasar cualquier cosa en breve. Y no tienen donde parasitar. Estamos viendo que tratan a Trump con tremenda cautela. Ahora asumen la clásica postura del guapo de barrio que de momento le dice al otro ‘No te pongas así, nosotros no tenemos por qué caer en esta situación, quién te dijo que tú me caes mal’. Es tratar de apaciguar la cosa. Hay que ver qué va a pasar. Ellos tienen mucho control en el país y sólo podemos saber cuán débiles o fuertes están por la forma en que actúan, y hasta ahora esa cautela nos dice que no se sienten confortables con lo que está pasando.

Raúl Castro tiene 86 años y existe la probabilidad de que se encuentre en el ocaso de su vida. ¿Cuál sería el escenario que avizoran en Cuba tras su desaparición física?

AR: El régimen no ha creado un líder que pueda suceder a Raúl Castro ni a su élite. Han dado pasos, como remover a todas las personas de más de 60 años, sacar a los viejos generales del Ejército y ponerlos en funciones periféricas pero no con mando de tropas. Todos esos pasos estaban destinados a crear una nueva red de lealtades que no fueran a crearle conflictos a Alejandro Castro Espín [hijo de Raúl Castro]. Me llamó mucho la atención que movieron a Abelardo Colomé Ibarra [General de Cuerpo de Ejército, cuya renuncia se anunció el 26 de octubre de 2015] que no es un individuo que va a aceptar que Castro Espín le ordene como si él fuera cualquiera. No va a suceder. La frase “sin prisa pero sin pausa” ellos la decían en serio. Al tener un colchón económico, tener la política permisiva de la administración Obama, pensando que los demócratas iban a quedar en el poder, porque contaban con que Hillary Clinton ganaría la Casa Blanca. Ellos decían ‘esto es poco a poco, lo podemos hacer sin una perturbación grande’. Pero ahora la situación es muy diferente. Tienen un escenario sin nada, todo se les fue de momento. En América Latina ha cambiado el panorama, Venezuela está en crisis, la posición de la OEA es diferente y EEUU actúa de forma distinta. Este tipo de régimen [totalitario] necesita vender futuro a sus adeptos y ahora no pueden prometer nada. Ahora hay que decirle al régimen ‘se acabó tu tiempo, afuera, y vamos a una transición democrática y no hay más nada que hablar’.

¿Podría este cambio brusco de la política de Washington hacia La Habana provocar que la línea del régimen cubano le reclame a Raúl Castro por haberse sentado a negociar con el Gobierno de EEUU?

AR: En Cuba no hay línea dura ni línea blanda. ¿Tiene poder Machado Ventura o Esteban Lazo? Sólo hay personajes con un guion establecido. Cuando necesitan que hablen en una dirección los llaman y cuando necesitan que se hable en otra dirección llaman a otro personaje. El poder en Cuba lo tienen la Seguridad del Estado, Raúl Castro y el grupito cerrado de sus generales. El resto es paisaje.

Ailer González: Al castrismo nunca lo han apretado de verdad. Hay que llevarlos contra la pared para demostrar lo que realmente son. No son guapos ni son suicidas. Son unos mafiosos. Meten la guapería cuando miden que el adversario es un flojo. Pero cada vez que están arrinconados viene alguien y les da una mano de alguna forma. Nunca se ha tenido una política férrea contra ellos.

AR: Creo que el problema de Venezuela al final va a arrastrar a Cuba. Los cubanos [asesores] que están en Venezuela, que no quieren que ese escenario [antigobierno] se transporte a Cuba, van a presionar a los militares venezolanos para llevar la situación al extremo. Saben que si en Cuba la situación vuelve a ser como la de los años 90, se va de las manos porque la gente no está en condiciones de aceptar lo que se aceptó en aquella ocasión. Raúl Castro no tiene el liderazgo que tenía Fidel, que tenía a la gente como en una especie de zafarrancho de combate todo el tiempo. Eso ya no existe. Lo mejor es que las cosas se resuelvan mediante negociaciones políticas, pero una negociación real que acabe con la dictadura.

-Teniendo en cuenta el escenario actual, ¿cómo podría la oposición impulsar a los cubanos hacia la democracia?

AR: Hay que explicarles que el cubano no merece algo menos que ser libre. Ese es el concepto.

-¿Y conocen los cubanos el significado de libertad tras 58 años de totalitarismo?

AR: Eso es lo que hay que explicarles: en qué consisten todos sus derechos y libertades. Tienen que saber que no es sólo tener una licencia para vender croquetas y refrescos instantáneos, aunque luego el régimen se la quite cuando le dé la gana. Que sepan cómo funciona el mundo real y lo que nosotros necesitamos como cubanos.

-¿Cómo explicar el significado de los derechos humanos cuando no los conocen?

AR: Nosotros siempre en Cuba mezclamos los derechos humanos con la vida cotidiana. Hay gente que nos dice que el concepto de los derechos humanos es algo muy abstracto. Los derechos humanos no tienen nada de abstracto. Los derechos humanos y las libertades van parejos. Entonces, si no tenemos derecho a poder montar un negocio, nos están violando las libertades económicas. Y si nos ponen un impuesto alto y no nos gusta, debemos tener el derecho de ir a la calle y protestar para decir bájame el impuesto, que es la forma en la que las sociedades democráticas establecen la relación entre el ciudadano y el poder. A la gente hay que explicarle toda esa dinámica para que la entienda.

AG: Los cubanos no somos diferentes a los demás seres humanos. Mi responsabilidad individual es luchar por lo que a mí me toca. Hay que confiar un poco en que el cubano tiene esa capacidad, aunque adormecida. El cubano tiene en su interior la chispa de la libertad, de sus derechos como todos los seres humanos. Hay que confiar en la gente. Cuando ves que algo que explota, que la gente sale en defensa de alguien que es detenido injustamente, nos damos cuenta que la gente se cansa y reacciona a la injusticia. Y eso va en aumento, a medida que se acentúe la crisis social.

-¿Cómo se percibe el grado de inconformidad popular en un país donde el totalitarismo no permite la libre expresión?

AG: Ahora mismo no se puede medir lo que piensa o siente el cubano, ni siquiera a través de encuestas, porque no hablan con libertad. Viven bajo ese miedo. Pero el día que la gente pierda el miedo, nos va a sorprender.

AR: El pueblo sabe que el Gobierno no funciona bien y dice también que mientras ellos estén ahí nada va a cambiar. Hay un conocimiento popular que asume las cosas así y todos saben que hay un costo alto por enfrentarse al régimen. No es solamente ir a la calle a protestar, sino también hablar y por eso actúan con cautela.

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